Hecho por: Haily Nallary González, Laura Nicole Vaca & Laura Sofía Pantoja.
«Esclavos de una sociedad machista y extremista»
El precio que se paga por un reconocimiento.
Como en todas la empresas, en especial las discográficas es muy común. Por lo general a las mujeres las creen incapaces de hacer un trabajo importante en la industria musical, la mayoría de las veces su propia discográfica la toma como un objeto sexual para su beneficio financiero; o también, cabe aclarar, que como varios casos, se demuestra que las empresas musicales resultan ser una manta, que tapa el negocio de trata de blancas, vendiendo a sus trabajadoras con mejores tributos al mejor postor.
Es evidente que a las mujeres nunca les ha sido fácil desarrollar una carrera musical, ya que siempre se ha tenido cierto “tabú” a que las mujeres desarrollen roles en la sociedad, lo que implica una exclusión en todo sentido. En cuanto a los eventos más importantes, en el ámbito musical, las mujeres prácticamente se han visto exoneradas de este, muy pocas se pueden ver presentaciones de solistas o grupos conformados por mujeres. Las discográficas constantemente buscan una aprobación constante del público, de la sociedad en cuanto a su mercancía o su producción musical; es tanto así que llegan a tal punto de que si su artista actual, no cumple con esos deseos propuestos por los “fans” la botan, la despiden, la cambia; a pesar de que son una entidad mayor en status económico y social, toman como mente mayor a la sociedad para obtener lo que ellos llaman “éxito”.
Por otra parte, esta relación entre el concepto y las mujeres en la industria musicales radica en que las empresas por ser industrias poderosas tienen el poder sobre las personas que quieren salir adelante en su carrera musical, en este sentido cualquier músico, sea hombre o mujer siempre tendrá la oportunidad de poder triunfar, pero la mujer siempre será la menos apoyada en su proceso, ya que como dijo un prestigioso director de orquesta británico “No hay compositoras, nunca las hubo y posiblemente nunca existirán” (Thomas Beecham); y no se equivoca, es muy habitual ver a directores hombres pero ¿Alguna vez ha existido una directora mujer?. Sin embargo, su afirmación está cargada a tope de rotundidad y machismo, pero como anteriormente era tan habitual, no solo Thomas pensaba así, también demás hombres de la época argumentaban que las mujeres tenían demasiado temperamento para formar parte de una orquesta o que su técnica era peor a la que los hombres utilizaban usualmente.
En esta gráfica se evidencia una presencia de estereotipos de género en la elección de especialidad musical, desde el año 2001 hasta el 2011.
“La organización Women In Music señala que en 46 años, ninguna mujer ha sido distinguida con el Grammy por la mejor producción musical”, de acuerdo con la gráfica y este comentario hecho por la organización Women’s, se puede identificar una vez más como la industria musical prefiere a los hombres por aceptación y más “talento”, que a las mujeres, en lo contrario, a ellas le hacen más difícil el camino (por no decir imposible) y las tratan como venta carnal.
En cuanto a la dialéctica de amo y esclavo, efectivamente se ve muy presente en la industria musical, en su efecto más en las discográficas que ni los mismos artistas, porque por un récord, una venta de millones de copias o un reconocimiento (premio, membresía etc.) son capaces de tratar a sus artistas, a como ellos crean que son aceptados y aprobados 100% por los fans, sin importar la salud física o mental del artista. Todos los artistas, de todos los géneros son sobresalientes en su trabajo, al igual que las personas que los ayudan en su proceso; ¿Por qué?, porque cada uno tiene su toque, su marca original que no la debe cambiar por ser aceptado, ya que un fan o un admirador, es un amor incondicional que está para apoyar el proceso y la producción que su ejemplo o ídolo haga para él/ella.
